miércoles, 12 de enero de 2011

HOWLIN / Capítulo 4: La Niebla





     El leguleyo vestía traje Armani en impecable estado, corbata de seda italiana y camisa blanquísima. Llevaba anteojos en marco de carey y trabacorbata y gemelos haciendo un deslumbrante juego de 24 kilates. Lucía tan limpio y bien afeitado que cualquiera diría que su piel jamás conoció el sudor, y su pulcritud contrastaba tanto con el caos reinante en el hospital que era imposible que los médicos y enfermeros que cruzaban a su paso no le abrieran camino, impresionados por tal aparente perfección.
  Se acercó al policía que custodiaba la habitación y pidió hablar con el detenido Rolando Cáceres, invocando el derecho que le daba el ser su representante legal, aunque hasta ese momento el Rolo jamás hubiese podido imaginar su mera existencia. Entró en el cuarto y se ubicó junto a la cama de su defendido. El Rolo estaba en bata y exhibía un vendaje como un turbante en la cabeza. Él comenzó a hablar sin siquiera molestarse en saludarlo.
  -Mi cliente es un grupo de personas con el poder suficiente para sacarte de ésto sin que quede la menor mancha en tu prontuario. Eso me convierte necesariamente en tu amigo, si bien para eso hace falta que vos también lo seas de mí, lo cual aún tenemos que ver si va a suceder. Pero para que te quede claro con la misma facilidad que puedo sacarte de acá y rodearte de lujos por el resto de tu vida puedo hacer que esa vida dure muy poco y mañana amanezca tu cuerpo vacío de vida en esta misma cama. ¿Nos entendemos?
  El Rolo no dijo una palabra.
  -Perfecto. Anoche estuviste en un mal lugar y momento. Y viste cosas que no tendrías que haber visto. Nadie te va a creer si abrís la boca y yo tampoco te voy a permitir que la abras. Sólo quiero que sepas que hay fuerzas muy grandes en juego, que exceden cualquier tipo de poder o autoridad que conozcas. Estas fuerzas se encargan de mantener el equilibrio en el Universo. Anoche ese equilibrio se rompió y vos estabas justo ahí. Ahora sólo tenés dos caminos: o nos ayudás a sellar la grieta, o te morís. Lo segundo será más fácil para vos y para nosotros, pero no te vamos a negar la posibilidad de evitarlo.
  El Rolo miró cuidadosamente al hombre delante suyo. No parecía borracho, ni drogado. Pero evidentemente debía estarlo.
  -Así como esta realidad es la única que conocés, hay otras que apenas se dejan entrever. Aquí las llamamos fantasías, sueños o ficción, pero lo cierto es que existen. Las personas que me enviaron se tomaron mucho trabajo en separar esta realidad de las demás, y durante más tiempo del que imaginás lo lograron, pero anoche alguien logró cruzar el límite, y apareció en la trastienda del local donde vos estabas, y lo que es peor, se llevó a alguien de acá. Tu amigo, Adrián Granate. El Negro.
  -El Negro... -balbuceó el Rolo por primera vez en la entrevista.
  -El Negro y aquel que se lo llevó son hoy para nosotros dos granos en el culo. No podemos dejar que vuelvan ni que se vayan. Es prioridad borrarlos de todos los mapas. A vos te podemos perdonar porque no viste lo suficiente. Pero tardamos en decidirlo. El fallo fue muy dividido, y para que lo sepas, yo voté por tu muerte.
  El Rolo volvió a quedarse callado.
  -Ahora vos y yo nos vamos a ir de acá. Ya tengo todo arreglado, orden del juez incluida. Me vas a llevar al lugar del crimen y me vas a mostrar por donde se fueron. Yo los voy a traer de vuelta. Cuando estén acá vos los vas a matar. A los dos.
  -El Negro... ese flor de hijo de puta... -el Rolo comenzaba a recordar todo lo que había sucedido. Cómo se había quedado mirando el agua del inodoro sin entender nada. Cómo empezaron a sonar las alarmas del Shopping y cómo a los pocos minutos la policía lo había rodeado. Recordó la cara de orto del Subcomisario Menéndez y su orden de cerrar el pico mientras veía cómo lo podía hacer zafar. Si podía. Recordó también las ganas que tenía de meterle una bala en la cabeza a ese cagón hijo de puta del Negro.
  -Decime lo que hay que hacer y vamos -le dijo al leguleyo.
  -No es así cómo funciona. Primero te venís conmigo y yo después te digo.
  -Hecho -contestó el Rolo.
  El abogado llamó al oficial de guardia.
  Minutos después salían por la puerta del hospital.

*****

  -Esto no es real- dijo Mau. El Negro no entendía nada.
  -¿Qué cosa? -preguntó.
  -Este lugar donde estamos. No es el mundo real. No es el mundo de donde vengo.
  El Negro a esta altura no entendía demasiado la diferencia entre real e irreal. De todos modos miró a su alrededor. En cualquier dirección que mirara había sólo yuyos y más yuyos. Era como un gigantesco baldío. No había árboles, refugio o accidente geográfico a la vista. Sólo esa estúpida puerta de pie en el medio de la nada.
  -¿Y adónde estamos entonces?
  -No tengo idea -contestó Mau-. Pero no me gusta.
  En ese momento vieron el banco de niebla creciendo y acercándose desde una posición que bien podría ser el sur, el norte, o arriba.
  Del interior del banco de niebla se escuchó un aterrador rugido.

4 comentarios:

Adrián Granatto dijo...

¡A la puta! ¡Se nos viene la niebla! ¿Y de qué me disfrazo yo ahora?
Me pongo a pensar ya mismo, sino no llego al lunes.

M. J. Howlin dijo...

Jejeje, me pareció que la vez pasada te lo había dejado demasiado fácil al final...

Calavera dijo...

Por aquí poniéndome al día!!! :D

Siento la tardanza, pero esto se pone cada vez mejor!!! :)

M. J. Howlin dijo...

Se agradece