domingo, 16 de enero de 2011

HOWLIN / Capítulo 5: La Tienda





I

     Rolo bajó del avión. Nunca había volado y esperaba no repetir la experiencia. A su lado iba el leguleyo Armani.
  A unos metros del avión los esperaba un auto. Subieron en la parte de atrás y el auto arrancó. El que maneja es un hombre joven vestido de traje negro y lentes oscuros que solamente echa una mirada rápida por el espejo retrovisor.
  Viajaron en silencio por caminos rurales desolados. En cierto momento dejaron la cinta de asfalto y se internaron en un camino de tierra.
   -¿Adónde vamos?- preguntó Rolo.
   Armani no contestó. Miraba por la ventanilla como la polvareda se levantaba alrededor de ellos.
  A Rolo no le caía bien el tipo. Cumplió lo que había dicho y lo sacó del hospital sin que nadie se interpusiera. Luego fueron directo al shopping y Rolo lo llevó al local. El muchacho que había estado aquella noche cogiendo con la minita sobre el mostrador lo vio entrar y se puso pálido. Armani habló con él, pero el muchacho no le quitaba los ojos de encima a Rolo. Luego bajaron la escalera hasta el depósito. Rolo volvió a repetirle la historia mientras Armani observaba a su alrededor.
   -¿Y la puerta?- dijo de pronto Armani, interrumpiéndolo.
   Rolo alzó la mano para señalarle el baño, pensando que el tipo por más traje de Armani que se pusiera era un boludo importante, y se dio cuenta de que no había puerta.
   -Ni idea- dijo encogiéndose los hombros.
  -¿Dijiste que le vaciaste un cargador?
   -Sí- dijo a regañadientes. Ya veía venir la cagada a pedos.
   -Sin puerta no puedo hacer nada- dijo Armani parado dentro del baño. Caminó hasta ponerse frente a Rolo y puso sus manos en la cintura-. A partir de este momento no quiero que le dispares a ninguna puerta más. ¿Está claro?


II

  El auto se detuvo en una garita. Una barrera de metal cruzaba el camino. A derecha e izquierda corría un alto alambrado Un guardia salió de la garita y el joven que manejaba bajó la ventanilla. Cruzaron unas palabras en ingles y el joven le entregó unos papeles que sacó de la guantera. El guardia asintió con la cabeza y levantó la barrera.
  Rolo no notó diferencia de un lado y otro de la cerca, seguía siendo un paisaje plano y polvoriento.
  El auto hizo unos metros y volvió a detenerse. El joven apagó el motor y Rolo se dio cuenta del silencio que los rodeaba. No le gustaba esto. Estaba en el medio de la nada con dos tipos que le daban muy mala espina. Recordó lo que había dicho Armani en el hospital.
  “Yo voté por tu muerte”.
   Y no pudo seguir pensando porque de pronto el auto se movió…hacia abajo.

III

   La niebla ganaba terreno. Otro rugido se dejó escuchar. 
   -Vámonos- dijo el Negro.
   -¿Adónde?
   -Por la puerta. Prefiero enfrentarme a Rolo, que quedarme a ver que es eso que ruge de esa manera.
   -No podemos- dijo Mau-. No tengo llave. Y aparte, creo que las puertas sólo pueden usarse una vez.
   Esto último no lo sabía con seguridad, pero lo intuía.
   Zarcillos de niebla envolvieron sus pies. Era como si una ortiga te tocara la piel. Arde.
   -Yo diría que corramos- dice Mau.
  Al Negro no es necesario que se lo repita. Comienzan a correr, tratando de lograr una distancia prudencial de la niebla. ¿Pero por cuanto tiempo? Delante de ellos, yuyos y más yuyos.
  El Negro se detuvo, inclinado, las manos en las rodillas, la respiración en jadeos.
  -No puedo- logró decir. Le parecía tener clavado un cuchillo en el costado, y a cada respiración se le metía más adentro de la carne-. La puta, no tendría que comer tanto.
  -Haz un esfuerzo- trató de incentivarlo Mau.
  -Ese fue mi esfuerzo- reconoció el Negro.
  Otro rugido.
  -¡Callate, la puta que te parió!- gritó el Negro.
  Y de pronto se echó a reír. Se reía a carcajadas que lo sacudían de pies a cabeza. Mau lo miraba sorprendido. Estos humanos eran muy diferentes a los de la aldea cercana a su hogar. Ellos rezarían a sus dioses por su alma. Aquí, reían.
  -Yo sabía que iba a morir joven- dijo el Negro. Se había dejado caer al piso y estaba cómodamente sentado. Una mata alta de yuyos le servía de respaldo-. Cuando elegís el camino del choreo, sabés que las posibilidades de llegar a los treinta son mínimas. Pero lo que nunca me imaginé es que iba a morir así, en un lugar al que llegué cruzando una puerta, con una persona extraña a mi lado, y seguramente comido por aquella cosa que ruge. Es una buena historia para contar a los nietos. Lástima que nunca llegaré a tenerlos.
  Un sonido llegó a ellos. Mau se puso de pie (había estado arrodillado al lado del Negro, escuchándolo) y se encontró cara a cara con el jinete.

IV

  La sensación de claustrofobia era muy fuerte. Bajaban por una especie de tubo a una velocidad leve. El cielo ya no se veía sobre ellos. Armani y el chofer conversaban en ingles. Rolo estaba seguro que hablaban de él.

V

  Cuando ese extraño ascensor llegó a destino (Debemos haber llegado a China, pensaba Rolo), tres hombres los esperaban.
  Armani bajó del auto y Rolo salió detrás de él. Seguía el ingles. Varias veces Armani señaló a Rolo y los otros le echaban una mirada. Rolo se sentía un cachorrito en una vidriera. Uno de los hombres le dirigió la palabra y Rolo se lo quedó mirando. El hombre le sostuvo la mirada y luego le dijo algo a Armani. Armani sacó algo de su bolsillo y le hizo señas a Rolo para que se acercara. En la mano tenía un estuche pequeño. Parecía uno de esos estuches en donde se ponen las alianzas.
  ¿Este pelotudo se me querrá declarar?, pensó Rolo.
  -Ponete estos- ordenó Armani, entregándole el estuche.
  Rolo levantó la tapa y se encontró con un par de audífonos. Dudó unos segundos, pero la curiosidad fue más fuerte. Cuidado, pensó. La curiosidad mató al gato. Se puso los audífonos en sus oídos y esperó.
  -¿Ahora me entiende?- dijo el mismo tipo que antes le había hablado en ingles.
  A Rolo se le cayó la mandíbula al piso. 
  -Un traductor- explicó Armani-. Te permite entender cualquier idioma al instante.
  -Por favor, déjennos solos- pidió el hombre.
  Armani y los otros dos no dijeron palabra y tomaron un pasillo que se abría a la izquierda. Rolo los vio desaparecer doblando una esquina.
  -Caminemos- dijo el hombre.
  Se dirigieron al pasillo que estaba a la derecha.
  -Supongo que tendrás muchas preguntas- dijo el hombre. Caminaba tranquilo con las manos a la espalda-. Yo las tendría, por lo menos. Esta es tu oportunidad, muchacho. Pregunta lo que quieras.
  -¿Quién es usted? ¿Qué es este lugar?  
  -Mi nombre es Scott Bereg. Este lugar era hace tiempo una sede gurnamental llamada La Tienda. Se hacían experimentos sobre las capacidades del cerebro humano. Telepatía, telekinesis, piroquinesis, esas cosas. ¿Entiende de lo que le hablo?
  Rolo negó con la cabeza.
  -Venga conmigo. Quiero mostrarle algo.
  Bereg abrió una puerta y lo hizo pasar a Rolo. En el centro de la habitación se encontraba lo que Rolo describiría como un ataúd de cristal. Y dentro de él, flotando en un líquido viscoso, había un cuerpo. Al acercarse pudo descubrir que era una mujer.
  -Carrie White- dijo Bereg a sus espaldas-. Poseedora de un poder increíble. Ella fue la génesis de nuestro proyecto.
  -¿Está viva?- preguntó Rolo.
  -No. Murió hace tiempo.
  -¿La mataron ustedes?
  -No- se sonrió Bereg-. Pero su muerte nos ha ayudado mucho. Inhumamos su cuerpo a las pocas horas, lo trajimos aquí, y aprendimos de él. Logramos sintetizar una droga con los fluidos de su cerebro. Lo llamamos Lote 6. Usamos a estudiantes como conejillos de indias y los inyectamos. Algunos murieron. Pero otros…
  Hizo un silencio. La sonrisa se le ensanchó en la cara.
  -Otros fueron especiales.

VI

  -Luego hubo unos problemas con una niña y el proyecto se fue al garete. Nos cancelaron el presupuesto y La Tienda dejó de existir. Pero siempre hay donde meter las narices. Y de tanto meterlas, encontramos algo.
  -¿Qué?
  -Mundos paralelos.
  -¡No joda!
  -Para nada. Existen miles de miles de miles de millones de Tierras en paralelo con la nuestra, pero nunca iguales. En una de ellas existen nuestros dobles espejo. Acá usted es una persona de bien y allá es un reverendo hijo de puta. Hay otro mundo donde el ser humano no evoluciono y los animales sí. Allí somos simples mascotas. ¿Puede creerlo? ¡Mascotas, por Dios! Hay uno donde no existen las mujeres y otro donde no hay hombres. Existe una Tierra donde Hitler ganó la guerra y otra donde las guerras nunca llegaron. Hay una tierra donde la locura reina y otra donde habitan unas criaturas que son puros dientes. Hay mundos que son nuestro pasado. Ir a uno de ellos puede ser peligroso. Se pueden crear paradojas.
  Y aunque suene demasiado fantasioso, a Rolo se le ocurrió una idea.
  -Por eso las puertas- dijo-. Las puertas conducen a esos mundos.
  -Las puertas no, las llaves. Las llaves son las que abren las puertas.
  -¿Y dónde se encuentran las llaves?
  -Las llaves somos nosotros.
  -¿Eh?
  -Hay personas que pueden cruzar las puertas fácilmente, con sólo pensarlo, y otras que necesitan cierta ayuda. También están las que no pueden por ningún motivo. No sabemos el por qué. Pero las puertas no son el problema, sino las ventanas. Las ventanas son verdaderos portales entre los mundos, portales gigantescos por donde las personas o cosas de aquellos mundos pueden llegar a este. Y eso no sería bueno. Pero ahora, y no sabemos la causa, algo cruzó para este lado. Y usó una puerta.
  -¿El raro? ¿El que apareció en el shopping?- dijo sorprendido Rolo.
  -Entonces es verdad- murmuró Bereg-. Lo has visto. 
  -Sí, lo he visto. Poca cosa. Va descalzo.
  -Aha.
  -Y se fue con mi amigo.
  -Adrián Granate, ¿cierto?
  -Sí.
  -Necesitamos hallarlos, ¿entiende? Le propongo esto. Nosotros nos quedamos con el raro y le entregamos a Granate. A su amigo hágale lo que quiera, pero al raro lo necesitamos vivo. Por lo menos al principio.

VII

  -Forasteros, ¿no es cierto?- preguntó el jinete. Luego miró la niebla acercarse-. Este no es buen lugar para estar. Vengan. Los llevaré a lugar seguro.
  Mau y el Negro subieron detrás del jinete.
  -Nunca en mi vida cabalgué.- dijo el Negro.
  -Entonces te conviene agarrarte bien- le aconsejó el jinete.
  Partieron al galope cruzando el enorme yuyal y dejando atrás la niebla. Un rugido más atronador que los anteriores llegó a sus oídos.
  -Parece enojado- dijo Mau.
  -Y no es para menos- explicó el jinete-. Acaban de sacarle la comida de la boca.

VIII

  -Supongo que Valencia ya le comentó para qué le trajimos.
  -¿Valencia?
  -George Valencia, el hombre que lo sacó del hospital.
  -¿Armani?
  Bereg no pudo menos que reír.
  -Sí- dijo-. Tiene obsesión por los Armani. 
  -Dijo que votaron por matarme o dejarme vivir.
  -Bueno, ¿está aquí, no? Considérese afortunado.
  El desdén flotó en el aire. Rolo cerró los puños.
  -Vamos a enviarlos para que los traigan de vuelta.
  -¿Quienes?
  -Usted y Valencia.  
  -¿Y si soy uno de esos que no puede cruzar puertas?
  -Tenemos maneras de que pueda, no se preocupe. Le recomiendo que no se separe de Valencia sino quiere quedar atrapado en alguno de aquellos mundos.

IX

  El jinete sofrenó el caballo.
  -Ahora debemos caminar. El pobre animal está agotado.
  Los tres se apearon.
  Ahora estaban sobre una colina. El yuyal había desaparecido, así como la niebla. Más adelante se veían algunos árboles
  -¿De dónde vienen?- preguntó el jinete.
  Mau y el Negro titubearon. El jinete los miró a ambos y sonrió.
  -Este era un buen lugar, hasta que hace dos años llegó la niebla. Creemos que los diferentes  mundos se están fundiendo en uno, mezclándose. Eso es por culpa de los haces. Están débiles.
  Llegaron a la primera tanda de árboles. Un pájaro gorjeó.
  -Gracias a Dios, el portal se cerró rápidamente. La niebla quedó estacionaria en aquel sitio. Ese es su coto de caza. Es raro que la gente se arriesgue hasta allí. Tuvieron suerte que haya visto el destello.
  -¿Qué destello?
  -Ustedes cruzaron una de las puertas, ¿no?
  Otra vez el titubeo.
  -No se preocupen- dijo el jinete-. Yo también viajo entre mundos. Aunque no necesito puertas. Lamentablemente, este es ahora mi hogar. Ya no puedo volver a mi propio mundo.
  -¿Por qué?- quiso saber Mau.
  -En mi mundo fui baleado. Estaba agonizando y mi amigo Parkus me trajo hasta aquí. Me curaron y poco a poco recuperé mis fuerzas. Volver a mi mundo sería como pegarme un tiro en la cabeza. Moriría.
  Los árboles eran altos y la brisa mecía sus copas. Susurraban sus secretos entre las hojas.
  -Mi nombre es Mau. Vengo no sé de donde. Quería aventuras para luego contarlas alrededor del fuego. Ahora me doy cuenta que las aventuras no son para mi. Quiero volver con los míos
  -Como dije antes, los haces no aguantarán mucho. Ir por las puertas es peligroso, no obedecen. Puedes caer en cualquier mundo y nunca regresar al propio.
  -A mi no me molestaría quedarme en este sitio- dijo el Negro-. De donde vengo no tengo futuro. Capaz que acá pueda tener una nueva oportunidad.
  -Puedes quedarte, si quieres. ¿Cuál es tu nombre?
  -Adrián. Pero todos me dicen Negro.
  -Mau, Negro, encantados de conocerlos. Yo soy Jack Sawyer. Bienvenidos a Los Territorios.

   
   

4 comentarios:

M. J. Howlin dijo...

Pero qué lindo que se va poniendo esto, y a mí encima que se me despierta el Howlin de adentro y ya veo como sigue esta cosa... Adrián, el Oso-Tortuga ya está usado. Elegite un Haz.

Adrián Granatto dijo...

Caballo- Perro.

Calavera dijo...

Siento la tardanza!!! :( Lo leí ayer, pero llegó el jefe y no pude postear... :/

Ahora entiendo por qué Adrián me invitó a participar en un capítulo:

Primero, yo (o alguien con mi nombre) aparezco en el relato!!! La cara que puse cuando me di cuenta!!! XDDD Buenísimo!!! El hombre Armani!! XDDDD

Y segundo, el relato se va poniendo muy Kinguiano, y eso me encanta!!! :P

Este capítulo en especial me gustó mucho y la historia pinta muy buena!!!

Adrián, ya te mando un MP. :D

Adrián Granatto dijo...

Pero mire que usted es uno de los malos, eh. Usted sabe como es esto: sin malos no hay buenos, así que es un personaje importante.