jueves, 8 de diciembre de 2011

Modelo para armar 3.




El camino del dolor. No recuerdo haber visto a mi abuela riendo, no recuerdo más que una sonrisa en una foto junto a mi abuelo. Yo pensaba que ella se tomaba la vida con seriedad. Con los años me di cuenta que era puro dolor, eso que ella sentía. El más profundo dolor que uno pueda imaginar.
Había nacido en un siglo complicado, el siglo de las guerras, allá por 1902. Fue testigo de ambas. En la primera portaba los años que ahora se llaman adolescentes. La imagino pequeña, púber, escondida en las cuevas, para evitar la venida de los soldados. En la segunda, ella era madre de dos adolescentes. Otra vez a las cuevas, tratando de proteger a sus hijos. El hambre de las dos guerras.
Era fuerte, mi abuela. Su fortaleza residía, supongo, en la forma que enfrentaba el dolor. Se paraba frente a la adversidad como un roble, soportando las inclemencias del tiempo y de los hombres, con la infinita seguridad en lo único que la sostenía: el amor a mi abuelo.
El amor y el dolor. Amar para sufrir. Sufrir para amar.
El modelo del dolor con amor, o viceversa, también me marcó.
autor: Marcela Segal